Me gustaría oir los secretos que susurra el corazón... me gustaría entender porque sigue siendo ciego, a pesar de que todo lo ve.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Go to the heaven


A mamá le habían detectado leucemia hacía casi un año, y la enfermedad avanzaba rápidamente. Todas las noches rezábamos juntos con papá, pidiendo un milagro que la salvara de la muerte y le permitiera quedarse con nosotros. Los últimos meses que ella estuvo en el hospital, fue casi toda la familia a verla. Probablemente a despedirse.

Cada día empeoraba más, y las esperanzas iban disminuyendo rápidamente. Una tarde se nos acercó el doctor con una mirada que no hizo saber lo que nos diría, incluso antes de que hablara. Ella ya no podía luchar. Nunca me dijeron si ella sufría en esos días. Solo dormía, y ya no comía. Poco hablaba, y era para animarnos a papá o a mí. Tenía sombras moradas bajo los ojos, y los labios casi no se diferenciaban del resto de la piel, que era casi transparente.


Un miércoles lluvioso de marzo, papá me envió a casa, para que durmiera. En el viaje me pregunté que sería lo mejor para mamá: seguir con nosotros, luchando incansablemente una batalla que no ganaría, o descansar y ser feliz eternamente. Visto así, todo estaba muy claro. Apenas llegué me dirigí al altar que papá había puesto hacía ya varios meses, y elevé mi plegaria. Esa fue la noche más hermosa de toda mi vida. Mamá estaba recostada junto a mí, tarareando una nana. No tenía cabello, pero sus labios estaban tan rosados como antes, y sus ojos no tenían esas marcas moradas que la hacían parecer muerta. Sonreía como antes y me abrazaba con tanto cariño, que se sentía real. “Tal vez no nos veamos pronto, pero volveremos a estar juntas, princesa. Te amo” Sentí como me besaba en la frente, antes de caer en un profundo y dulce sueño.


Un jueves lluvioso de marzo, mama se despidió de papá y de mi, antes de irse, a las 4.02 am. Los doctores dicen que se fue en el sueño, y que cuando su corazón se detuvo, ella sonreía.

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